Mi espacio vulnerable

Hace poco me enfermé. Tan enfermo estaba que le tuve que pedir a alguien casi todo lo que necesitaba y quería. Me imagino que era algo asi como ser una abeja reina, relajándome en mi colmena, con otras personas trayéndome todo. Pero no me sentí tan seguro como una abeja reina.

Hay un espacio aterrador entre querer y tener algo. Aun más aterrador, tal vez, entre necesitar y tener. Yo viví en este espacio por un tiempo, con cada petición que hice desde mi cama de enfermo. Cuando regresé a la oficina de CUAV, todavía llevaba por dentro parte de la vulnerabilidad que se me había metido adentro del cuerpo mientras estaba enfermo.

Por suerte, tuve la oportunidad de hablar sobre esto porque, en CUAV, estamos hablando de la Abeja Reina que Hace Peticiones. Por lo tanto, pude reflexionar sobre los tres pasos de la Abeja Reina para ver como me había ido en hacer las peticiones. ¿Comuniqué mi petición directamente y con respeto? Listo. Hubiera preferido que la gente leyera mi mente, pero no podían así que les dije lo que quería. ¿Acepté mi poder, sabiendo que no me puedo hacer responsable por los sentimientos de otros? Listo. Casi ni podía cuidarme a mi mismo, así que no podría haber tenido cuidado de los sentimientos de otras personas aun si lo hubiera querido. ¿Y reuní información, sabiendo que la reacción de una persona a mi petición es cuestión de ellos y no cuestión de que si yo merezco pedir por lo que quiero o no? Listo. No hubo mucho lugar para dudarlo, cuando yo estaba simplemente expresando mi necesidades más básicas.

Teniendo todo en cuenta, mi tiempo enfermo me brindó un poco de práctica valiosa en hacer peticiones. Eso es todo lo que puedo pedir – práctica. Puede que no sea perfecto, pero estoy mejorando en mis peticiones todo el tiempo.